Cómo escapar de la seducción del número 2 (Capítulo 14)

 

 


 

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Capítulo 14:



“Creo que me voy a desmayar…”

“Maldita sea, yo también.”

Quería tirarme al suelo así y llorar desconsoladamente. Baek Han, que estaba debajo de mí, también debía estar adolorido. Seguro se preguntaría qué clase de desastre era este, pero mi cabeza, golpeada de lleno por la mochila, no me dejaba pensar en él.

El dolor era tan intenso que ni siquiera podía ponerme de pie; me quedé en el suelo gimoteando en la misma posición en que había caído. Entonces, Kwon Do-jin se acercó y se agachó a mi lado.

“¿Estás bien? ¿Puedes levantarte?”

“No… no puedo.”

Todo mi cuerpo dolía tanto que hasta me costaba hablar. El piso del pasillo no era blando; era tan duro como cemento, lo que hacía que el golpe se sintiera todavía más. Kwon Do-jin tomó mi muñeca para ayudarme a levantarme y, al notar algo extraño, sujetó también la mochila.

“¿Por qué está tan pesada tu mochila hoy?”

“Es que traje libros para estudiar…”

“¿Cuántos libros llevas para que pese tanto?”

La mochila de un estudiante surcoreano, por naturaleza, siempre era pesada. Murmuré una excusa entre dientes y Kwon Do-jin chasqueó la lengua, aunque estaba más preocupado por el dolor que por mi explicación.

Con la ayuda de Kwon Do-jin logré incorporarme, y me cubrí con el dorso de la mano los ojos, que estaban empapados en lágrimas. Por cómo me punzaban las articulaciones, estoy seguro de que luego tendré todo lleno de moratones.

“¿Y tú por qué estás ahí tirado?”

“¿Y qué quieres que haga, si alguien está a punto de romperse la nariz frente a mí? Y resulta que tú eres un hijo de puta increíblemente despiadado, ¿no?”

Me terminé de frotar los ojos y solo entonces, al escuchar las palabras de Baek Han, recuperé el sentido de la realidad. Ahora que lo pensaba, gracias a él me había lesionado mucho menos de lo esperado. Si no hubiera estado ahí, lo más probable es que me hubiera roto la nariz de verdad.

“Gracias.”

“... Con que lo sepas me basta.”

“Espera, ahora que lo pienso, hoy es el reajuste del ranking. ¿No te hiciste daño en ningún lado? ¿No estarás en desventaja para la pelea...?”

“Suficiente. Te vas a volver a caer.”

Kwon Do-jin me sujetó del brazo para frenarme. Para entonces, Baek Han ya se había alejado lo menos cinco pasos de mí.

“Mierda, para empezar, suelta ya esa arma homicida.”

Ante el comentario de Baek Han, que en cierto sentido llegaba a ser hasta cruel, me di la vuelta dócilmente y entré al aula. Tenía que admitirlo: tenía toda la razón del mundo.



* * *


Le ofrecí solemnemente a Baek Han la leche de chocolate que había comprado en la tienda de conveniencia por la mañana. Por lo visto, no estaba destinado a disfrutar de una leche con chocolate hoy.

Baek Han, sentado frente a mí, mantenía su habitual postura encorvada y arrogante. Aunque su actitud me resultaba un poco molesta, no podía decirle nada a alguien que decidía sentarse así por voluntad propia.

“Entonces, ¿puedes decirme de qué rumor se trata?”

“¿De verdad no lo sabes?”

“Sorprendentemente, no tengo ni idea. Soy bastante despistado.”

Para ser exactos, es que no tengo amigos que me traigan ese tipo de chismes, pero no vi la necesidad de mencionar ese detalle.

“¿Y tú, Kwon Do-jin?”

“No me interesa lo que digan los demás.”

Kwon Do-jin mostró una sonrisa perfecta, como de catálogo. Era tan bonita que casi me quedo embobado un momento, pero recuperé la compostura al oír la voz exasperada de Baek Han.

“Vaya, que bien lo haces.”

“Gracias.”

Aplaudí con las manos para interrumpir lo que estaba a punto de convertirse en una guerra de ego sin sentido. Normalmente dejaría que lo resolvieran entre ellos, pero tenía muchísima curiosidad por el dichoso rumor, así que los detuve.

“¿Podrías decirme cuál es el rumor antes de ponerse a pelear?”

“... ¿Tanta curiosidad tienes?”

“Por supuesto.”

Haciendo a un lado a Kwon Do-jin, que no parecía tener el más mínimo interés, presioné a Baek Han. Me incliné hacia él mientras lo miraba directamente a sus brillantes y hermosos ojos amarillos; Baek Han, por puro reflejo, echó el cuerpo hacia atrás.

“Así te vas a volver a caer.”

Kwon Do-jin me sujetó del brazo y me sentó correctamente en la silla. Como no se equivocaba, carraspeé un par de veces y arreglé mi postura.

Cuando retrocedí, Baek Han también recuperó el equilibrio. Al verlo soltar un suspiro de alivio mientras se pasaba la mano por el cabello, la vergüenza me golpeó aún más fuerte. ¿De verdad había sido tan impulsiva?

“Tú, en los rumores te han pintado como una femme fatale legendaria.”

Aunque escuché las palabras con claridad, sentí como si me hubieran salido directamente por el otro oído. Dudando de si había oído bien, parpadeé un par de veces y miré lentamente a Kwon Do-jin; él también parecía incrédulo y soltó una risa seca.

“Eso solo demuestra la estupidez de quien empezó el rumor. Para empezar, no sería una femme fatale, sino un homme fatal, ¿no?”

“... No, ese es el segundo punto que vamos a discutir. Pero, como era de esperar, la femme fatale del rumor soy yo, ¿verdad?”

“¿Quién más podría ser si no?”

Bueno, eso es cierto...

Entonces, ¿el rumor del que hablaba Lee Yu-min será del mismo estilo que el de Baek Han? Por si las dudas, tendré que preguntarle sin falta en cuanto llegue a casa.

“¿Y por qué tiene que ser precisamente una femme fatale? ¡Como dice Kwon Do-jin, debería ser homme fatal!”

“Seguro es el límite del conocimiento de quien originó el chisme. ¿Acaso eso importa?”

Tal vez para quien cuenta el chisme no sea importante, pero para el involucrado sí que lo era. Aunque bueno, si es por falta de conocimiento, no queda de otra.

De todos modos, lo que me indignaba era otra cosa, así que golpeé el escritorio con la palma de la mano y me levanté de golpe.

“¡No! ¡Y otra cosa! ¡¿No es obvio para cualquiera que el que me está seduciendo es Kwon Do-jin?!”

“Ah, ¿así que sabías que te estaba seduciendo?”

“¿Pero entonces por qué tengo que ser yo quien reciba el título de femme fatale? ¡Si alguien debe llevarlo, es Kwon Do-jin!

“¿Y por qué me preguntas eso a mí?”

Miré a Kwon Do-jin, pero él solo se limitaba a sonreír con la barbilla apoyada en la mano; por su parte, Baek Han, como si el asunto no fuera con él, se limitó a encogerse de hombros con una expresión totalmente indiferente.

Al ver la reacción de ambos, mi energía se desinfló un poco, así que acerqué la silla que estaba desordenada y volví a sentarme.

“Actúas de forma tan descarada, ¿No sería más raro que no me diera cuenta?”

“Mmm, ¿cierto?”

Kwon Do-jin no lo negó. Al inclinar ligeramente la cabeza, unos mechones de cabello le cayeron sobre el rostro. Supongo que por ser tan guapo, cada cosa que hacía se veía impecable.

“Agh... ¿No hay ningún otro rumor?”

“Que Kwon Do-jin te tiene como su "favorito".”

“La elección de las palabras es tan anticuada que no sé ni de qué época vienen.”

Me desplomé sobre el escritorio y restregué la frente contra la superficie. Eso de "favorito" me hizo recordar a aquel chico de ayer; el que me dijo que no me creyera la gran cosa solo porque era el favorito de Kwon Do-jin. Me preguntaba por qué había usado esa palabra precisamente, y resulta que era porque así corría el rumor. Al final, la razón era de lo más simple.

“¿Te molesta mucho?”

Sentí una mano acariciándome el cabello. Era una mano tan familiar que podía saber quién era incluso con los ojos cerrados, así que dejé que continuara. Sabía que, aunque lo apartara, volvería a pegarse a mí.

“Si te dijera que me molesta, ¿empezarías a moderarte?”

“Bueno, quién sabe.”

No tiene ninguna intención de moderarse.

Ante la respuesta lánguida de Kwon Do-jin, la pequeña esperanza que sentí murió antes de llegar a florecer. Baek Han, que observaba nuestra escena en silencio, frunció el ceño.

“¿Pero qué demonios son ustedes dos?”

“Amigos.”

Antes de que pudiera responder, Kwon Do-jin se me adelantó. Giré la cabeza y subí la mirada hacia él; todavía con la barbilla apoyada en la mano, me observó desde arriba y curvó la mirada.

“Dice que somos amigos.”

Repetí las palabras de Kwon Do-jin como si fuera un eco. Al oírlo, Baek Han chasqueó la lengua de forma ostentosa y se levantó de su asiento.

“Que montón de tonterías.”

Tras soltar ese comentario mordaz, Baek Han salió del salón llevando en la mano la leche de chocolate que yo le había dado. Viendo que al menos se llevaba lo que le correspondía, no lo detuve. Prácticamente ya habíamos terminado lo que teníamos que hablar.

Me quedé ahí tumbado y me despedí moviendo solo el brazo; Kwon Do-jin, como imitándome, también movió solo el brazo para despedir a Baek Han. Una vez que Baek Han se fue, sentí que el cuerpo se me ponía lánguido, así que cerré los ojos con fuerza y disfruté del silencio.

A pesar de todo el alboroto y de haber hablado hasta el cansancio, solo estábamos Kwon Do-jin y yo en el salón.

“¿Por qué viniste tan temprano a la escuela?”

“Me desperté temprano, así que vine temprano.”

Mi voz sonaba tan pesada como mi cuerpo. Parecía que me estaba pasando factura el haberme levantado tan temprano, así que consideré la idea de dormir un poco, aunque dudaba que Kwon Do-jin me lo permitiera.

“¿Y por qué te habrás despertado tan temprano?”

Ante su voz, que susurraba bajito, abrí los ojos de golpe. Sujeté la mano que me acariciaba la nuca y enderecé el torso.

“Ya que estamos en esto, tengo algo que preguntarte.”

“¿Qué es?”

“¿Por qué me estás seduciendo?”

“¿Eh?”

Le pregunté directamente, sin rodeos. Si tuviera que señalar la causa de esos rumores, sin duda alguna era el comportamiento de Kwon Do-jin. Ya no podía hacer nada con los rumores que se habían esparcido, pero podía evitar los futuros, siempre y cuando Kwon Do-jin cooperara.

Se quedó sin palabras mirándome con cara de desconcierto, pero solo fue un momento, pronto recuperó su característica sonrisa.

“¿Eso es lo que te causaba curiosidad?”

“Siendo el involucrado, ¿no es obvio que tenga curiosidad?”

“Mmm. Es que me enamoré de ti a primera vista.”

Fruncí el ceño con fuerza ante su respuesta, que no tenía ni una pizca de sinceridad. Kwon Do-jin, como si tampoco esperara que yo me tragara esas palabras, mantuvo una sonrisa juguetona en los labios.

Me frustraba que que no me diera la respuesta que quería. Kwon Do-jin bajó la mirada hacia la muñeca que yo tenía sujeta y, con total naturalidad, zafó el brazo y entrelazó sus dedos con los míos. Me desconcertó lo fácil que se soltó, considerando que yo creía estar apretando con fuerza, pero lo que más me indignó fue la fluidez con la que hizo todo ese movimiento.

“Me gustas, Ha-bin.”

“¿Qué?”

“Me gustaría que estuvieras a mi lado. Sí, de ser posible, para siempre.”

Arrugué el entrecejo ante sus palabras desconcertantes. ¿Qué relación tenía el hecho de que yo le "gustara" con sus tácticas de seducción? ¿De verdad se habría enamorado de mí?

“Por eso lo hago.”

Al contrario de mi mente, que era un caos total, Kwon Do-jin terminó de hablar y estiró el brazo para rodear mi mejilla suavemente con su mano. El hecho de que incluso sintiera cierta comodidad ante el roce de su pulgar era la prueba de que, en el último mes, me había acostumbrado a él más de lo que creía.

“No entiendo qué me quieres decir.”

“No importa si no lo entiendes. Lo importante ahora es que no tengo intención de dejar de seducirte.”

Su voz aterrizó suavemente en mi oído y me hizo reaccionar de golpe. Todo indicaba que los rumores que seguirían al de la femme fatale se producirían en masa de ahora en adelante.


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