Cómo escapar de la seducción del número 2 (Capítulo 20)
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Capítulo 20:
A diferencia de ayer, no era tan temprano por la mañana, así que ya había bastantes alumnos en el aula. Con expresiones llenas de curiosidad, fingían que no pasaba nada, pero era evidente que estaban prestando atención a lo que ocurría aquí.
Tal vez les resultaba bastante incómodo, porque cada vez que nuestras miradas se cruzaban, tarareaban sin motivo y apartaban la vista hacia otro lado. Para mí, eso era aún más vergonzoso. Mejor miren descaradamente.
“¡¿Y entonces qué vamos a hacer con esto?!”
Cuando Baek Han empezó a armar un escándalo, Kwon Do-jin levantó la mano como pidiéndole que se calmara.
“No pasa nada. Pronto se aclarará todo. ¿Verdad, chicos?”
Era obvio a quién iba dirigido. No fui el único que lo notó, porque los que estaban escuchando disimuladamente empezaron a moverse al mismo tiempo y de manera coordinada, algunos levantaron el móvil para contactar con alguien, otros se pusieron en marcha directamente.
“No pensé que se resolvería tan fácilmente…….”
Yo, que en el fondo ya lo había dado por perdido, solté una exclamación de asombro al ver cómo todo se arreglaba tan rápido con una sola presión disfrazada de pregunta por parte de Kwon Do-jin.
“Ojalá nuestro Ha-bin también cediera así de fácil."
Mientras murmuraba eso y me acariciaba el cabello con naturalidad, moví los ojos de un lado a otro, esforzándome por ignorarlo. Baek Han, que estaba admirando la forma en que Kwon Do-jin manejaba la situación, observó toda la escena sin querer y frunció el ceño.
“Esto es un desastre.”
Ante el comentario bajo de Baek Han, asentí en silencio. Luego, él se sentó en el asiento delantero que justo estaba vacío, todavía con una postura torcida. Al verlo, me entraron ganas de decir algo otra vez, pero me las tragué a la fuerza.
“¿No habías terminado ya con lo que venías a hacer?”
“¿Y a ti qué te importa?”
“Sí, sí. Si van a pelear, salgan del aula. Ya sabes.”
Normalmente se llevaban bien, así que no entendía por qué hoy se comportaban de forma tan hostil. Le di unos golpecitos en el muslo a Kwon Do-jin para que se relajara. Aun así, me resultó inesperado que Baek Han no se marchara inmediatamente después de terminar su asunto, por lo que ladeé un poco la cabeza con curiosidad.
“No es nada del otro mundo.”
“¿Nada del otro mundo?”
Baek Han, como si estuviera avergonzado, se pasó la mano por el cabello con brusquedad y, tras dudar un buen rato, por fin abrió la boca.
“Solo que, si llega a haber alguien que te haga algo por lo de ayer, dime.”
“Si fuera algo así, yo me encargaría de todo. En vez de perder tiempo preocupándote por cosas innecesarias—”
“Está bien. Gracias por preocuparte.”
Interrumpí a Kwon Do-jin, que estaba a punto de buscar una pelea inútil, y expresé mi agradecimiento. Al parecer, de verdad le preocupaba, hasta el punto de decir algo que no iba con él. Baek Han frunció el ceño por culpa de Kwon Do-jin y luego soltó un suspiro.
“Qué tipo tan retorcido.”
Mm. Hoy sí que estaba con el humor torcido.
Normalmente habría sonreído y soltado palabras sutiles, pero ahí estaba, frunciendo el ceño y contestando con brusquedad. Cuando nos encontramos de camino a la escuela no noté nada raro, ¿entonces por qué estaba así?
Baek Han dijo que prefería volver a su salón antes de que siguiera buscándole pelea, así que me despedí de él con la mano y luego miré de reojo a Kwon Do-jin. Él seguía con su expresión de malhumorado, apoyando la barbilla en la mano.
Verlo así me distraía tanto que no podía concentrarme en los ejercicios. Tenía que leer las preguntas para poder resolverlas, pero como las letras no me entraban en la cabeza, ni siquiera podía empezar.
"¿Qué tal si dejas de hacer pucheros?"
Me asomé desde abajo, invadiendo su espacio personal. Kwon Do-jin, sorprendido, echó el cuerpo hacia atrás por puro reflejo. El silencio se prolongó durante el par de segundos en los que sus pestañas aletearon confundidas.
"... De verdad, ya no sé quién de los dos es más zorro."
Ladeé la cabeza ante su murmullo. ¿Para qué hacía una pregunta que tenía una respuesta tan obvia?
"Tú, obviamente. ¿Quién más va a ser?"
"No sé, a mí me parece que hay alguien más."
Me empezó a doler el costado por mantener esa posición de mirar hacia arriba desde abajo. También me dolía la espalda, en fin, me dolía todo. Una vez más, comprobé que mi cuerpo no tiene ni un ápice de flexibilidad y regresé torpemente a mi postura original.
Como sentía un hormigueo en el costado, como si estuviera a punto de darme un calambre, empecé a masajearme la zona. En ese momento, Kwon Do-jin me presionó la mejilla con el dedo índice.
"... ¿Qué haces?"
"¿Cosas lindas?"
"¿Entonces no deberías hacértelas en tu propia mejilla?"
Él, que ya había recuperado su compostura habitual, se limitó a sonreír con naturalidad.
"Es que quería ver tu reacción tierna."
Con la barbilla apoyada en la mano, Kwon Do-jin respondió con un tono despreocupado, inclinando la cabeza. Ante una actitud tan tranquila, lo único que sentí fue desconcierto.
"Pero bueno, te ves igual de tierno hagas lo que hagas."
"¡Kyaaa!"
Aunque los gritos habían disminuido en comparación con hace un mes, esta vez también se escuchó un alarido antes de que yo pudiera siquiera reaccionar. Al oírlo, perdí hasta la última pizca de energía para responderle a Kwon Do-jin y me llevé la mano a la frente.
Ah... Qué cansancio, de verdad.
* * *
Por mucho que estuviera en la misma clase que Kwon Do-jin, era imposible estar juntos las veinticuatro horas del día. Por ejemplo, cuando tenía que ir a hacer un recado para un profesor, ir al baño o simplemente a beber agua. No había necesidad de que Kwon Do-jin me acompañara en tareas tan triviales como esas, ¿verdad?
Lo que significa que, para aquellos que buscaban una grieta en mi defensa, ese era el momento perfecto.
Con esa idea en mente, me quedé mirando fijamente a las cuatro personas que me bloqueaban el paso. Con una proporción de género perfectamente equilibrada, dos chicos y dos chicas, esperé a que los que tenían escrito en la cara "tengo algo que decirte" hablaran primero.
A decir verdad, no es que no hubiera intentado pasar de largo fingiendo que no los veía, pero cada vez que lo intentaba, se plantaban frente a mí. Pensé en darme la vuelta y rodear el pasillo para volver al salón, pero sentí que, si lo hacía, en lugar de solo bloquearme el paso, terminarían agarrándome.
"Eres Lee Ha-bin, primer año, clase 2, ¿cierto?"
"Mmm... cierto."
Lamentablemente, las reglas de nuestra escuela exigen llevar el nombre bordado en el uniforme, así que no había forma de ocultarlo. Al asentir dócilmente, las expresiones de los que estaban frente a mí se volvieron aún más hostiles.
"El Lee Ha-bin que siempre anda pegado al señor Kwon Do-jin, ¿verdad?"
Me pregunto por qué insisten en preguntar lo mismo una y otra vez. Especialmente considerando que soy el único "Lee Ha-bin" en mi clase. En fin, aunque no me gustaba cómo lo habían expresado, sentí que debía responder ya que me habían preguntado, así que asentí un par de veces.
"Qué asco das."
"¿Te crees muy especial?"
Si me atacan de la nada con esas frases, no hay mucho que yo pueda decir en mi defensa.
Supongo que, desde el principio, no vinieron con la intención de dialogar. Aun así, enfrentarme cara a cara con insultos tan directos me dejó sin palabras. Al verme ahí, solo abriendo y cerrando la boca, parecieron ganar confianza y se pusieron aún más engreídos.
‘Ah... son bastante desagradables de ver.’
Hasta hace un momento me había parecido absurdo, pero no le di demasiadas vueltas. Sin embargo, ver cómo se les subía el orgullo a la cabeza sin hacer nada hizo que se me revolviera el estómago. Tanto que ni siquiera pude cumplir mi propósito de dejarlo pasar en silencio.
"No sé por qué el señor Kwon Do-jin se fijaría en alguien como tú—"
"¿Y si mejor se lo preguntas directamente a Kwon Do-jin?"
No veía la necesidad de escuchar todo, así que le corté la frase a la mitad. Tras un instante de quedarse sin palabras por la sorpresa, la otra persona gritó con el rostro enrojecido.
"¿Y tú quién eres para interrumpirme?"
"¿Y tú quién eres para bloquearme el camino?"
"¿Q-qué?"
Como si no esperaran esa reacción, intercambiaron miradas apresuradas entre ellos. Con una pierna apoyada y la cabeza ligeramente ladeada, los miré y, a propósito, dibujé una sonrisa fresca en mis labios.
"Dejémoslo en buenos términos, ¿sí? Dentro de poco empieza la clase y todos tenemos que volver al aula."
"…¡Si no fuera por el señor Do-jin, tú no serías nada…!"
Observé fijamente a quien, incapaz de controlar su ira, parecía dispuesto a recurrir a la violencia, y entonces hablé con calma.
"¿Sabes? Dicho al revés, eso también significa que gracias a Kwon Do-jin ahora soy una persona muy valiosa, ¿no?"
Al mencionar a Kwon Do-jin deliberadamente, vacilaron y al final bajaron la mano. Un ejemplo típico de gente fuerte con los débiles y débil con los fuertes, ni siquiera daba risa.
"Entonces, ¿con qué derecho se atreven ustedes a ponerse en mi camino, eh?"
Tras dar el golpe final, esperé a que me abrieran paso. Por la forma en que se mordían los labios, era evidente que su orgullo estaba herido, pero no era algo de lo que tuviera que preocuparme.
Solo cuando me alejé completamente de aquel lugar, mi corazón, que latía con fuerza, empezó a recuperar su ritmo normal. No lo demostré, pero estuve a punto de morirme del miedo. Como sabía que si notaban mi temor me verían como una presa fácil, actué con arrogancia, pero de verdad fue agotador.
"Vaya carácter tienes."
Mientras caminaba hacia mi salón esforzándome por mantener una expresión impasible, aunque por dentro estaba llorando a mares, una voz familiar intervino. Al girar la cabeza, vi a Baek Han con su habitual jugo de manzana en la mano, mordisqueando el sorbete.
"Hola."
"¿Por qué esa cara? Lo que hiciste fue muy satisfactorio."
Por su forma de hablar, parecía que se había quedado mirando todo el tiempo. Si era así, bien pudo haberme ayudado. Pedazo de desalmado.
Las palabras estuvieron a punto de escapárseme, pero pensándolo fríamente, no es que Baek Han tuviera la obligación de ayudarme, así que no dije nada.
"Es que me siento un poco mal."
"¿Por qué?"
"Ya sabes como es."
Por un lado estaba el miedo, pero por otro, me sentía algo sucio. Tener diecinueve años y ponerme a discutir con chicos de diecisiete, y encima, usando el prestigio de Kwon Do-jin como escudo. Por supuesto, a ojos de los demás yo también tengo diecisiete, pero mi conciencia me remordía.
Además, si hubieran sido personas más experimentadas o astutas, quizá habría sido mejor, pero cuanto más los enfrentaba más evidente se volvía lo ingenuos que eran, y eso me hacía preocuparme aún más. No es que ellos estuvieran en lo correcto, claro que no, y siendo sinceros, me preocupa más que esto traiga problemas fastidiosos en el futuro, ¡pero aun así!
"¿Esto te pasa a menudo?"
"¿Eh? No tan seguido."
"¿Sí?"
Tendría que pasar muchísimo tiempo pegado a Kwon Do-jin para que algo así ocurriera con frecuencia. Baek Han me observó en silencio un momento y luego rebuscó algo antes de lanzármelo.
"¿Seguro que me lo puedes dar?"
"Adelante, tómalo. "
Lo que me lanzó era exactamente la misma bebida que él estaba tomando. Era algo que me gustaba bastante, así que me alegró, pero como estaba claro que Baek Han la había comprado para él, por cortesía se lo pregunté una vez.
"Entonces, no voy a rechazarlo. Ya va a empezar la clase, me voy primero."
"Ah, sí, ve."

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