Cómo escapar de la seducción del número 2 (Capítulo 28)

 

 

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Capítulo 28:


Nada más volver al aula, rebusqué en el bolsillo delantero de mi mochila hasta encontrar la pomada. Es algo que empecé a cargar por si yo me lastimaba, pero termino usándolo siempre con gente que no tiene nada que ver.

“Está aquí. Menos mal.”

“La pomada es pegajosa, ¿sabes?”

“¿Por eso no te gusta?”

“Si eres tú quien me la pone, Ha-bin, ¿cómo voy a decir que no me gusta?”

Aparté la mirada del rostro que, con los ojos bajos y una ligera curva en los labios, me estaba mirando. Hice que Kwon Do-jin se sentara en la silla, le tomé la mano y observé con atención la zona de la herida.

¿Será por lo guapo que es Kwon Do-jin? Para evitar que mi mente se fuera por otros caminos, exprimí la pomada y la apliqué a propósito con un poco más de fuerza.

“Ha-bin, si lo haces tan brusco, duele.”

“Entonces no te lastimes.”

Ante los quejidos de Kwon Do-jin, apreté aún más, con la intención de que le doliera más. Él, en respuesta, dejó caer exageradamente las comisuras de los ojos y soltó un gemido lastimero.

“Tratar tan bruscamente al señor Kwon Do-jin, el número 2 en el ranking…”

“Definitivamente, los rumores de que es su "favorito" no son en vano.”

Ah, cierto.

Al escuchar los susurros de los demás, que hablaban lo suficientemente alto como para que los oyera, recordé de golpe que estábamos en el salón. Me llevé la mano a la frente, sintiéndome mareado. ¿Qué clase de rumores se inventarán ahora?

“¿Ha-bin?”

Cuando mi mano se detuvo, Kwon Do-jin me llamó con una voz extrañada. Tenía una actitud como si no oyera a los demás cuchichear, así que lo miré fijamente, pero él solo inclinó la cabeza y parpadeó.

“¿Pasa algo?”

“No-, no es nada.”

Disimulé como pude y, una vez terminé de ponerle la pomada a Kwon Do-jin, presioné con firmeza el dorso de su mano. Normalmente ya estaría quejándose de que dolía, así que su silencio me pareció raro. Al alzar la mirada, él acercó su rostro como si hubiera estado esperando ese momento.

“No tienes por qué preocuparte.”

“¿Por qué—?”

Ese rostro tan cerca seguía sin resultarme familiar, así que intenté retroceder, pero Kwon Do-jin me sujetó del brazo. Al dejarme llevar por el tirón suave, apoyé el brazo en su hombro y me detuve a una distancia prudente.

“No importa lo que digan los demás.”

La mano que se había deslizado entre mi cabello se retiró con suavidad. Ante ese contacto tan familiar, bajé la mirada por reflejo, pero de pronto recordé algo y giré la cabeza de golpe.

“Espera. Tienes pomada en el dorso de la mano.”

“No pasa nada, Ha-bin. Me aseguré de que no tocara tu pelo. De verdad, no se manchó.”

“Espero que no haya ninguna mancha.”

Aparté a Kwon Do-jin y rebusqué en el bolsillo delantero de mi mochila hasta sacar un espejito, lo que hizo que él soltara una exclamación de admiración. Como si fuera una costumbre, volvió a apoyar la barbilla en la mano mientras me miraba, por un momento pensé en golpearle el codo para que perdiera el equilibrio, pero me contuve.

“Parece que en el bolsillo delantero de la mochila de Ha-bin hay de todo.”

“Esto es algo que cualquiera llevaría encima, ¿no?”

Respondí por encima mientras miraba mi cabello en el espejo. Tal como había dicho Kwon Do-jin, no había ni rastro de la pomada, así que me quedé sin nada que decir. Pensaba usar eso para sacarle algo en cara, pero al no poder, fruncí los labios con fastidio.

Ding dong deng dong—.

“Ah, sonó la campana.”

“Sí, sonó.”

Levanté la vista hacia donde estaba el altavoz y Kwon Do-jin miró en la misma dirección. Enseguida, como si hubiera estado esperando, el profesor de la asignatura abrió la puerta delantera y entró, así que guardé el espejo, saqué el libro de texto y lo abrí.

“Aun así, perdón por hacerte preocupar por nada.”

“Empieza la clase, abran el libro rápido—.”

“¿Qué dijiste?”

La voz baja de Kwon Do-jin y el grito del profesor se superpusieron, así que no pude oír bien lo que dijo. Le pregunté otra vez, pero Kwon Do-jin solo dibujó una sonrisa más marcada en sus labios.

“No es nada. Más que eso, hay que prestar atención a la clase, Ha-bin.”

Me quedé algo intranquilo por cómo lo esquivó, pero el profesor, que ya estaba frente al escritorio lanzándonos miradas, me preocupaba más, así que asentí con gesto poco convencido. Entonces Kwon Do-jin estiró el brazo y me acomodó el cabello detrás de la oreja antes de volver la mirada al pizarrón.

Yo también miré hacia el pizarrón siguiendo su gesto, pero no lograba concentrarme y terminé jugueteando sin motivo con mis labios.

Por un instante, sentí de forma muy, muy leve, que Kwon Do-jin quizás no era simplemente "alguien amable".



* * *


“Tú también eres increíble. ¿De verdad te dan ganas de venir después de oír que yo te voy a enseñar?”

Kwon Do-jin provocó a Baek Han con un tono sarcástico. Sin dejarse intimidar, Baek Han, que llevaba una mochila que nunca antes le había visto colgada descuidadamente al hombro, respondió con arrogancia.

“¿Quién dijo que iba a aprender de ti? Solo voy a aprender de Lee Ha-bin.”

“Ja. Nunca se te pasa por la cabeza hacerlo por tu cuenta, ¿verdad?”

“Simplemente no soy tan idiota como para tomar el camino largo habiendo un atajo.”

Caminaba a paso ligero con estos dos a mis lados, peleando sin cansarse. A medida que el escándalo aumentaba, terminé tapándome los oídos con los dedos índices. De verdad, estos infelices eran insoportablemente ruidosos.

“Tenía planeado disfrutar hoy a solas con Ha-bin, pero gracias a ti todo se arruinó. Muchas gracias, ¿eh? “

“Maldito pervertido. ¿Qué demonios pensabas hacer con él a solas en un espacio cerrado?”

Estaba murmurando para mis adentros "no escucho nada, no escucho nada" con los oídos tapados, cuando esa frase se me clavó en el tímpano y levanté la cabeza de golpe.

“Pues estudiar, obviamente. ¿Pero qué diablos te estás imaginando? A estas alturas, el pervertido eres tú.”

“Es que tú siempre actúas de forma tan retorcida...”

“¡Ya basta! ¡Apenas acaban de entrar a la preparatoria y no se guardan ni un solo comentario! ¡A mis ojos, los dos son exactamente iguales!”

¿Pero qué demonios están diciendo estos idiotas en plena calle? Además, es la hora de salida, hay muchísimos estudiantes de nuestra escuela por todas partes y ellos se ponen a hablar de esas cosas a todo pulmón.

De hecho, gracias a ellos dos, las miradas de los demás estudiantes se concentraron aquí. Si de por sí ya llamábamos la atención por el simple hecho de que el número 2 y el número 3 del Ranking estuvieran juntos, ahora ese interés se había duplicado.

Y, a diferencia de antes, cuando eran miradas de admiración, ahora se habían convertido en miradas llenas de curiosidad.

Era obvio que, si seguíamos caminando tan tranquilos, terminaríamos generando otro rumor absurdo. Decidí que lo mejor era sacar a estos dos de aquí lo antes posible, así que busqué a mi alrededor y, por suerte, vi un taxi y le llamé.

“De verdad, no puedo vivir por culpa de ustedes dos.”

Primero empujé a Kwon Do-jin dentro del taxi y luego me subí yo. No me molesté en intentar empujar a Baek Han, porque era obvio que se resistiría. Le hice una seña para que entrara y él, dócilmente, acomodó su cuerpo dentro del vehículo.

“Podríamos haber dejado a ese tipo tirado e irnos solo nosotros dos.”

“Quedamos en ir juntos, ¿no? Di la dirección de tu casa.”

Se quejó de que yo era muy cruel mientras frotaba su mejilla contra mi hombro, pero al poco tiempo abrió la boca y dio la dirección. Solo entonces sentí que podía relajarme un poco y me apoyé en el respaldo del asiento y solté un largo suspiro.

“¿Cuándo piensan hacerse amigos ustedes dos?”

“¿Yo con él?”

“No sé, ¿de verdad hay alguna razón para que tengamos que hacernos amigos?”

Al escuchar la respuesta que salió de ambos al mismo tiempo, solté un suspiro de exasperación. Siempre están discutiendo, pero viéndolos así, parece que se llevan bastante bien, no entiendo por qué solo ellos se empeñan en negarlo.

Además, si se encuentran tan seguido, ¿no resulta más cansado pelearse? Ya va siendo hora de que lleguen a algún tipo de acuerdo, pero no se ve ni rastro de eso, y quien que termina agotado soy yo.

“Ni que fueran unos niños.”

Cerré los ojos con fuerza y me llevé el dedo índice a los labios, en señal de que, al menos dentro del taxi, debían guardar silencio. Entonces, ambos cerraron la boca, como si quisieran hacerme caso.

Los dos, que antes no podían ni verse, ahora estaban callados, y en un instante el taxi se llenó de silencio. Disfruté con satisfacción de la paz que había llegado después de tanto tiempo, relajando el cuerpo.

“Así me te vas quedar dormido.”

“¿Eh? ¿En serio?”

Pero será porque lo mencionaron, que de repente me dio sueño. Me cubrí la boca y solté un enorme bostezo, y Baek Han negó con la cabeza.

“¿No que no ibas a dormirte?”

“Es que por decir eso ahora me dio sueño.”

“Entonces duerme un poco. De todas formas, tardaremos unos 20 minutos en llegar.”

Kwon Do-jin me dio unos golpecitos en el hombro. Lo miré con los ojos entrecerrados, reflexioné intensamente y finalmente me recosté sobre su hombro. Después de dar unas vueltas para encontrar una postura cómoda, Kwon Do-jin me acarició la cintura.

“Ya empezó otra vez con sus tonterías.”

“Entonces, ¿me prestas tu hombro tú? A mí me da igual quién sea, mientras esté cómodo.”

Ante el refunfuño ya familiar de Baek Han, lo miré y sonreí levemente. Le hablé en tono de broma y le di un pequeño pinchazo en el costado, pero Baek Han se sobresaltó y apartó mi mano de un manotazo.

Como en el fondo ya esperaba esa reacción, retiré la mano sin oponer resistencia. En ese mismo instante, Kwon Do-jin me abrazó por la espalda.

“¿Me vas a dejar a mí para irte con él?”

“……¿Por qué hablas así?”

“Maldita sea, cualquiera que escuche pensaría que es una pelea por amor.”

Eso es lo que digo.

Levanté el brazo y di unas palmaditas en la cabeza de Kwon Do-jin, que había apoyado la cara en mi hombro. Él ladeó la cabeza con una expresión inocente. No sabía exactamente qué cara estaba poniendo, pero lo deduje por la expresión de asco de Baek Han y por el reflejo de la silueta de Kwon Do-jin en la ventana.

“Quédate conmigo, ¿sí?”

Apretó el brazo que tenía alrededor de mi cintura y pegó aún más su cuerpo al mío, su voz susurrada junto a mi oído me hizo encoger el hombro por el cosquilleo.

“Cállate y quédate con ese.”

“¿No es un poco cruel que me abandones así sin más?”

“¿Y qué quieres que haga? ¿Que me quede mirando cómo ese cabrón sigue con lo mismo?”

Al ver la cara de asco de Baek Han, me quedé sin palabras. Y más aún porque había sido yo quien empezó a meter comentarios innecesarios. Kwon Do-jin, que como siempre no le daba importancia a las reacciones de Baek Han, frotó su mejilla contra mi hombro.

“¿Cuánto falta para llegar…?”

“De verdad, ¿para qué dije que estudiáramos juntos?”

En este punto, tanto yo, que solo quería escapar rápido de este espacio tan reducido, como Baek Han, que se arrepentía de haber propuesto estudiar juntos, soltamos un suspiro al mismo tiempo.

Mientras tanto, Kwon Do-jin no prestaba atención a nada de eso y estaba demasiado ocupado pegándose a mí. Sabiendo que, aunque lo apartara, volvería a pegarse, pensé que al menos debía ir cómodo y me apoyé en él. Lejos de molestarse, se alegró y me rodeó con sus brazos.

De verdad, no tenía remedio.



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