Cómo escapar de la seducción del número 2 (Capítulo 7)

 


 

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Capítulo 7:


“Te tomas las clases muy en serio, ¿eh?”

¿No estaría bien si no le prestara atención tan atentamente?

Oculté ese pensamiento y le pregunté qué quería decir. Kwon Do-jin soltó una risita, como si acabara de escuchar algo absurdo, y soltó una verdad universal.

“Soy un estudiante.”

Claro, por eso hay que poner atención en clase.

Es una frase totalmente lógica, pero escucharla de la boca del mismísimo "Número 2 del Ranking" me resultó un poco desconcertante. Para ser más exactos, me pareció extraño.

Kwon Do-jin es un estudiante, sí, pero también es uno de los "Cuatro Reyes Celestiales". Ese estatus, que es casi como un título noble, es otra forma de decir que es un estudiante problemático o, mejor dicho, un delincuente.

Por eso, en la infinidad de novelas de internet se mostraba a estos chicos como poco aplicados en clase. Pero este Kwon Do-jin, de manera totalmente innecesaria, es fiel a sus deberes escolares. Su nivel de diligencia es tal que, en el mes que ha pasado desde el ingreso, no ha faltado ni una sola vez ni se ha quedado dormido en clase.

Y eso que hasta yo casi me quedé dormido en la clase de historia porque estaba aburridísima...

Recordar aquello me dio un poco de vergüenza y carraspeé. En ese momento, el profesor de Educación Física contó más o menos a los estudiantes levantando los dedos y luego agitó los brazos como diciendo que nos organizáramos solos.

Al darse aquella señal, todos se dispersaron, el grupo de la clase que “supuestamente es de los populares” se acercó a Kwon Do-jin. Más exactamente, los que pertenecían al ranking.

“Señor Do-jin, vamos a jugar al baloncesto, ¿le gustaría unirse a nosotros?”

¿De verdad están hablando con ese tono tan formal?

De manera natural di dos pasos hacia atrás y desvié la mirada a lo lejos. Esa invitación iba dirigida a Kwon Do-jin, no a mí, así que daba igual lo que hiciera.

“Me parece bien.”

¿Por qué una conversación tan simple me da tanta vergüenza ajena?

Enseguida encontré la respuesta a la pregunta que dominaba mi cabeza: era por el ambiente que rodeaba a ese grupo y por su forma de hablar. Me llevé la mano a la frente ante lo mareante de la situación y retrocedí un paso más.

Ojalá Kwon Do-jin se fuera rápido a jugar baloncesto. Así podría quedarme solo. Y de paso no tendría que ver esta situación tan incómoda.

“¿A dónde vas, Ha-bin?”

Otro paso atrás. Poco a poco, alejarme. Ese era mi plan, pero se desmoronó de golpe cuando Kwon Do-jin me agarró del brazo y me tiró hacia él.

“¿Eh? ¿Eh?”

“Tú también tienes que venir.”

Me dejé arrastrar por la fuerza de Kwon Do-jin, quien tiraba de mi brazo otra vez con una sonrisa marcada en los labios. La distancia que con tanto cuidado había intentado poner se acortó en un instante, terminando incluso más cerca de él que al principio.

“¿No vas a jugar?”

“... No se me da bien el baloncesto, creo que es mejor que no juegue.”

Además de que ni siquiera me gusta moverme.

Murmuré aquello evitando sutilmente la mirada de Kwon Do-jin. Además, a simple vista, el grupo que lo había invitado eran nueve personas. El baloncesto es un juego que se juega en equipos de cinco contra cinco, lo que significaba que, desde el principio, solo quedaba un lugar libre.

Y el dueño de ese lugar, obviamente, debía ser Kwon Do-jin. No yo.

“¿Ah, sí? ¿Es realmente por esa razón?”

Otra vez con eso, otra vez.

Envolvió mi mejilla con su mano de forma natural e inclinó el rostro, acercándose tanto que nuestras frentes estaban a punto de tocarse; intenté echar el cuerpo hacia atrás para alejarme. Sin embargo, antes de que pudiera hacerlo, la mano de Kwon Do-jin se posó en mi espalda, impidiéndome retroceder.

“Ha-bin, ¿sí?”

“... Sí. De verdad, no me gusta mucho el baloncesto.”

“Entonces, ¿qué deporte te gusta?”

“Ninguno.”

Eso sí podía decirlo con total seguridad. ¿Cómo iba a gustarme el ejercicio si me gustaba más estar sentado que de pie, y más estar acostado que sentado?

Ante mi respuesta honesta y directa, por fin Kwon Do-jin dio un paso atrás. En cuanto terminó su insistente interrogatorio, solté un suspiro de alivio y sin dudarlo ni un segundo me giré rápido y fui a ocupar un rincón del gimnasio.

Ugh, se me puso la piel de gallina. ¿Por qué actúa así?

Froté mis brazos con las palmas, como si quisiera sacudirme los escalofríos que me habían subido por el cuerpo. No tenía ni idea de qué se le pasaba por la cabeza a Kwon Do-jin para tratarme de esa manera.

“No es como si me estuviera seduciendo…”

Murmuré sin pensarlo, y por un instante tuve la sensación de haber dado en el clavo, aunque enseguida lo descarté como un malentendido. ¿Qué ganaría él haciendo algo así?

“Seguro que solo quiere volverme loco.”

Claro, claro. ¿Qué otra razón podría haber? No era como si yo fuera tan guapo que pareciera irradiar luz como él, ni como si fuera tan increíblemente bueno peleando como para provocar un “nunca había visto a alguien como tú”. Ni siquiera había peleado frente a él, para empezar.

Me moría de ganas de agarrar a Kwon Do-jin del cuello de la camisa y sacudirlo para preguntarle qué diablos le pasa, pero eso era imposible. Sí, Kwon Do-jin me daba miedo, pero más que eso—

“Tú, Lee Ha-bin.”

Me encontraba apoyado contra una columna, medio distraído, cuando levanté la cabeza al escuchar por tercera vez esa voz cargada de hostilidad. El "escudo protector" llamado Kwon Do-jin, que me había mantenido a salvo durante unas dos semanas, empezó a mostrar grietas al entrar en la tercera semana.

Para ser más exactos, algunos habían empezado a actuar a sus espaldas, extendiendo sus garras con cautela y discreción. Parece que ha comenzado la fase de: "atormentar al que recibe la atención de uno de los Cuatro Reyes Celestiales por culpa de los celos y la envidia".

"¿Pasa algo?"

Esbocé una sonrisa social. Los tres que me miraban con expresiones de absoluta furia se estremecieron de repente. Durante un segundo perdieron el foco de su ira, pero observé pacientemente cómo recomponían sus gestos y volvían a afilar la mirada con determinación.

"¿Qué relación tienes con el señor Do-jin?"

"¿Que qué relación tenemos?"

Si ser acosado unilateralmente cuenta como tener una 'relación', supongo que somos algo.

"¡¿Quién te crees que eres para que el señor Do-jin te trate con tanta confianza?!"

El grito repentino me sobresaltó, haciendo que mis hombros temblasen. Presioné con fuerza el pecho, donde el corazón me golpeaba, tratando de calmarme, y bajé la mirada de manera deliberada.

‘¿Qué hago?’

Las dos veces anteriores, Kwon Do-jin había aparecido justo a tiempo para sacarme de en medio. Aunque eso provocó que recibiera miradas aún más intensas, en ese momento me resultó un alivio, así que no me quejé.

Pero ahora, necesitaba una respuesta para no recibir más hostilidad...

‘No se me ocurre nada.’

Mi vida había sido tan tranquila, por no decir aburrida, que jamás había tenido que enfrentar situaciones así. Mi mente daba vueltas y vueltas. ¿Cómo se supone que debía reaccionar? No tenía ni idea.

“¿Crees que porque des lastima vamos a echarnos atrás, eh?!”

¿Eh? ¿Qué? Ladeé la cabeza ante esas palabras sin sentido. ¿Lastima? ¿Quién? ¿Yo?

“¡Ay, maldición! No puedo hacerlo. ¡Hazlo tú!”

“¿Cómo quieres que yo haga lo que tú no puedes?”

“¡Entonces hazlo tú!”

“¡Pues tampoco quiero!”

Parpadeé, mirando cómo los tres discutían entre ellos. ¿Por qué estaban peleando justo delante de mí? Ni siquiera podía detenerlos, porque en primer lugar no entendía por qué discutían.

Aun así, como sus voces empezaban a subir de volumen y atraer miradas, extendí la mano tímidamente.

“Ehm—.”

“¡¿Qué?!”

Los tres giraron la mirada hacia mí al mismo tiempo y gritaron de golpe, haciendo que me sobresaltara de nuevo y mis hombros temblaran. Presioné mi pecho, donde el corazón empezaba a latir aún más fuerte.

“No peleen, ¿sí?”

“……Esto es de locos."

“Maldición, me siento como una basura."

Las observé mientras se tocaban la frente y murmuraban, y jugueteé con mis dedos. Si no iban a hacer nada, ojalá simplemente desaparecieran de mi vista. Ya estaba recibiendo demasiadas miradas, y ahora eran descaradas; me hacía sentir muy incómodo.

“Haah—.”

Ese suspiro me resultó familiar. Miré por encima de los hombros de los tres y solté un pequeño grito ahogado al ver a Kwon Do-jin, de pie con una postura un tanto arrogante.

“¡Se-señor Do-jin!"

“¿Qué hacen aquí?”

Con su sonrisa habitual y la cabeza ligeramente inclinada, hizo la pregunta. Los tres se quedaron rígidos, incapaces de decir una palabra. Naturalmente, Kwon Do-jin apartó la mirada de ellas y la posó en mí.

Al sentir esos ojos sobre mí, pestañeé y abrí los labios lentamente. Solo había una respuesta posible en esta situación.

“Me estaban invitando a jugar."

“¿A jugar?”

Alzó una ceja, como si se preguntara si debía creerme o no. Ante la reacción de Kwon Do-jin, no supe qué más agregar y cerré firmemente la boca.

“Hablen ustedes.”

“¿¡Eh!? E-es que, como siempre estás solo, nos preocupaba un poco…”

A pesar de tartamudear, quien que parecía ser el líder del trío consiguió terminar la frase con firmeza. En mi mente le aplaudí. Y aprovechando un momento oportuno, intervine.

“¿Y tú? ¿Qué pasó con el baloncesto?”

“…Solo quería descansar un rato.”

Kwon Do-jin mantenía la sonrisa, pero dejaba ver claramente que no le había gustado la respuesta. Aun así, separó al trío y se sentó a mi lado. Muy cerca. Kwon Do-jin insistía en pegarse a mí, así que yo me pegué lo más posible a la pared y apoyé la cabeza.

“Entonces, nos retiramos.”

Les hice un pequeño gesto con la mano mientras se apresuraban a marcharse, y luego cerré los ojos. Estaba cansado. Muy cansado.

“Ha-bin.”

“…¿Qué?”

“¿No tienes nada que decirme?”

“No.”

Respondí sin dudar ni un segundo y me pegué todavía más a la pared. El sueño empezaba a venir, así que busqué una postura más cómoda. Ignoré el ruido de ropa moviéndose a mi lado y dejé escapar un bostezo pequeño.

Habían pasado más o menos 15 minutos desde que empezó la clase de educación física. Como la clase duraba 50 minutos, debería poder dormir al menos 30. Y teniendo en cuenta que la siguiente clase era matemáticas, dormir ahora era la mejor opción.

Con la mente ya medio adormecida, estaba a punto de entregarme al sueño siguiendo la conclusión tranquila a la que había llegado, cuando alguien me agarró del brazo y me jaló con fuerza. Caí hacia adelante, arrastrado en la dirección del tirón, y parpadeé confundido mientras miraba alrededor.

“Ha-bin.”

“Tú—.”

“¿Por qué no me dices las cosas?”

Si es el método más fácil.

Kwon Do-jin me obligó a recostar la cabeza sobre sus rodillas y empezó a acariciarme el cabello. Sentí aquellos dedos grandes y firmes entre mis mechones, y mis ojos se movieron inquietos de un lado a otro.

“¿Qué se supone que es ‘el método más fácil’?”

“¿Vas a fingir que no lo sabes?"

Ante las palabras de Kwon Do-jin, simplemente cerré los ojos. Si lo llamaba “hacerme el tonto”, supongo que sí, era eso. Pero, contrario a lo que Kwon Do-jin decía, no era una solución ingeniosa. En realidad solo servía para aumentar la hostilidad.

Aún estábamos en el primer semestre de primer año, así que quedaba muchísimo tiempo por delante. Cuando subiera de grado, la clase cambiaría, y no había garantía de que siguiera estando en la misma que Kwon Do-jin. Así que alimentar conflictos no tenía ningún beneficio.

“No sé, de verdad no lo sé.”

Respondí con un suspiro, tragándome en silencio las palabras que realmente quería decir: que lo más cómodo sería que él dejara de comportarse así.





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